Pensamiento crítico


Hace ya tiempo que me rondaba por la cabeza la idea de iniciar un blog, finalmente me he decidido a aportar mi pequeño granito de litio a una situación actual que me preocupa profundamente. Hemos leído en la prensa, repetidamente en los últimos meses, cómo universidades de peso dentro del ambiente cultural del país han dado acogida a “formación” en pseudociencias. Hijas de la superchería y el oscurantismo, doctrinas tales como la astrología, la numerología, la grafología, y aún algunas otras con una inquietante intención… llamémosle lucrapéutica (homeopatía, acupuntura, Reiki…), ahora figuran en los programas oficiales de universidades públicas como una rama más del conocimiento científico. Pero se trata de tradiciones, prácticas y constructos fantasiosos y arbitrarios, de los que habitualmente se pretenden derivar principios curativos, o formas de influir en el cuerpo, el “alma” o incluso el futuro de cualquier persona sin los suficientes recursos, o en un estado tal de desesperación, que no le permite defenderse adecuadamente.

Las gravísimas consecuencias que se derivan de los engaños de esta charlatanería, no se deben tanto a los efectos negativos directos que pueden provocar sobre los incautos que recurren a estas supuestas terapias para tratar de solventar sus dolencias. Las peores consecuencias de estos remedios, que han mostrado repetida ineficacia al someterse a estudios científicos correctamente diseñados (aleatorizados y a doble ciego), las sufren los enfermos que dejan de recibir atención médica adecuada. Este hecho tan habitual, toma un cariz especialmente lamentable cuando se trata de enfermedades potencialmente letales que tienen tratamientos accesibles y eficaces.

A la vista de tal panorama, a todas luces regresivo desde el punto de vista del desarrollo científico, tecnológico y cultural, creo que debería sonar una alarma en todas nuestras cabezas. Pero no una alarma grave y pesada, como las que anunciaban bombardeos en más tristes épocas e invitaban a esconderse en un refugio subterráneo. Yo imagino una alarma fina y liviana, no ensordecedora pero con fuerte presencia, que invita a la reflexión activa, a desempolvar la única defensa de que disponemos contra la manipulación y el fraude: el pensamiento crítico. Y no utilizarlo únicamente para eso, sino también para poder disfrutar de la riqueza y del asombro que provocan los descubrimientos de cualquiera de los campos del saber científico, de las charlas fundamentadas, de los placeres que de forma espontanea aumentan, en nuestro núcleo accumbens*, las concentraciones dopamina, que no nos falte, eso sí… bien repartida 😉

*Cúmulo neuronal encefálico relacionado con la experimentación de la sensación de placer.

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2 respuestas a Pensamiento crítico

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