Electroshocks


Recogidos los datos de la encuesta que os propuse para decidir el tema de esta semana, y como dicen las viejas gramolas al elegir una canción, ésta es su elección: Electroshocks.

– ¿Pero todavía se hacen electroshocks, doctor?-, exclama Marta mientras no puede evitar que la congoja ruborice su rostro y humedezca sus ojos. No dirá nada más durante unos minutos, sus cuerdas vocales han perdido el tono que necesitan para mantener la voz vencidas por el miedo y el desaliento. Su padre Mario, una persona de carácter fuerte, enérgico y decidido, el pilar en el que siempre se ha aguantado la familia, especialmente en momentos difíciles como éste, ha caído. Donde Marta ha encontrado invariablemente una mano firme que la guiaba en la oscuridad, ha descubierto esta mañana un montoncito de botes vacíos de esas píldoras que toma su madre para dormir. Mario ha intentado suicidarse.

– Hacía unos dos meses que ya no era él, no disfrutaba de nada, no hablaba, no tenía hambre, y sólo quería estar en la cama- Dice María recuperando el aliento. Su padre sufre una depresión, como suele ocurrir en la mayoría de ocasiones, pensaron que sería algo pasajero, que se solucionaría con unas vitaminas y “poniendo un poco de su parte”. Así la enfermedad fue avanzando hasta desintegrar sus ganas de vivir. Los antidepresivos, en la inmensa mayoría de los casos sumamente eficaces, no han surtido efecto en Mario, es un caso de depresión mayor refractaria a tratamiento farmacológico. Y ahora el doctor le explica a Marta que la opción más eficaz y segura son los electroshocks.

La mayoría de personas no han tenido ocasión de saber en qué consisten, pero aún así su simple mención provoca temor, cuando no un miedo atroz. Las referencias culturales que tenemos son en extremo truculentas, usados como castigo o incluso para neutralizar la voluntad de un paciente, un preso… Uno de los medios que más ha influido en esta idea es el cine mostrando, con algunas excepciones, la imagen de un tratamiento despiadado, abusivo, ineficaz y funesto. Algunos momentos históricos lúgubres, como su empleo en algunos conflictos o dictaduras como instrumento de persuasión para prisioneros tampoco han ayudado a su aceptación mediática.

Pero… ¿a quién se le ocurrió aplicar corriente eléctrica en la cabeza?

La terapia electroconvulsiva (TEC), como se conoce técnicamente a la terapia de choque eléctrico, tiene sus orígenes en la observación de que los enfermos mentales mejoran tras presentar una crisis epiléptica.

Es un descubrimiento al menos tan antiguo como Hipócrates, quién ya dejó constancia en la Antigua Grecia, 4oo años antes de Cristo, de que las convulsiones provocadas por la malaria eran capaces de mejorar o incluso curar algunas enfermedades mentales. Se repitieron observaciones similares durante las diferentes épocas históricas hasta que en 1917 Julius Wagner trató a enfermos de tabes dorsal (complicación neurológica de la sífilis) provocando convulsiones mediante la inoculación de la malaria. En 1927, un médico berlinés, Manfred J. Sakel, comenzó a inducir crisis convulsivas en pacientes afectos de esquizofrenia mediante la inyección de dosis masivas de insulina, provocando una hipoglucemia extrema. A este método se le conocería en la historia de la medicina como “las curas de Sakel” que, aunque efectivamente, conseguían mejorar la sintomatología psicótica, pero obviamente a costa de un sufrimiento y un riesgo vital completamente inaceptables. Se ensayaron también otros métodos como la inyección en la sangre de colorantes químicos capaces de provocar convulsiones, sin conseguir una técnica segura que equilibrase el balance entre el riesgo y el beneficio, hasta 1937.

Ugo Cerletti es nuestro hombre. Médico y neuropsiquiatra romano tuvo una feliz idea mientras, en un matadero (sí, seguimos envueltos en truculencia), observaba como aplicaban una corriente eléctrica a los cerdos para que no sufrieran durante el sacrificio. Pero lo que al Dr. Cerletti le llamó la atención no fue la humanidad de los matarifes italianos, sino el hecho de que los cerdos, tras la descarga… convulsionaban.

No le faltó tiempo para dirigirse a un joven y prometedor físico alemán (Kalinowski) y proponerle la construcción de un aparato capaz de aplicar descargas eléctricas cortas a pacientes humanos en condiciones de seguridad. Tras experimentar el nuevo invento con animales para buscar los parámetros óptimos para el fin último, probaron la terapia con pacientes en un episodio agudo de psicosis esquizofrénica. Resultados espectaculares y muchas menos complicaciones que con los rudimentarios métodos antes ensayados.  Acababa de nacer el tratamiento más eficaz, rápido y seguro que se conoce para los casos psiquiátricos más graves.

¿Cómo es hoy en día un electroshock?

La terapia electroconvulsiva, hoy en día, es un proceso sencillo y rápido que se realiza en la mayoría de los centros hospitalarios psiquiátricos de referencia de todo el mundo. Se precisa una sala acondicionada, material asistencial habitual, una aparato de TEC, un anestesista, un psiquiatra, y personal de enfermería.

Se inyectan al paciente un anestésico de acción rápida (p.ej. propofol) y un relajante muscular para evitar las contracciones musculares (p.ej. succinilcolina). Una vez el enfermo está dormido, intubado y sin tono muscular, se aplica la descarga eléctrica mediante dos palas (de forma similar a la reanimación cardíaca a que nos tienen acostumbrados las películas) pero aplicadas generalmente en ambas zonas temporales del cráneo. Se produce una convulsión no visible que dura unos segundos, minutos después el paciente está despierto, sin más molestias que una la ligera confusión transitoria.

Para un episodio agudo de psicosis o depresión grave suelen ser necesarias entre 6 y 12 sesiones para conseguir la remisión completa, realizándose éstas generalmente en días alternos.

¿En qué casos se utiliza?

La TEC tiene una eficacia y una rapidez de acción muy superior a cualquier otro tratamiento, mejorando significativamente los síntomas en la práctica totalidad de los casos. Los inconvenientes actuales son los riesgos propios de cualquier anestesia y la confusión durante las primeras horas posteriores a su administración, y éste es el motivo por el que se suele relegar a la última opción.

Actualmente la TEC se utiliza cuando el riesgo para el paciente o, para las personas que le rodean, es demasiado elevado como para esperar a que aparezca el efecto de los psicofármacos, o cuando los efectos de éstos últimos se han mostrado insuficientes. Las indicaciones más frecuentes de la TEC son los episodios depresivos mayores con alto riesgo de suicidio y los episodios psicóticos con gran desorganización conductual o con síntomas catatónicos.

Ideas finales sobre los electroshocks

  • La TEC es una técnica segura e indolora, con escasos efectos secundarios, efectiva en casos graves de enfermedades mentales comunes.
  • Se utiliza como tratamiento (jamás como castigo) y tras haber otorgado el enfermo su consentimiento informado por escrito, o su familia en caso de que esté incapacitado para tomar la decisión.
  • Los efectos secundarios actualmente son los derivados de la anestesia y una posible pérdida de recuerdos de los momentos precedentes al TEC (amnesia retrógrada).


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5 respuestas a Electroshocks

  1. El teniente Furilo dijo:

    Es genial ¡¡¡¡, ahora lo veo como una pequeña intervención, con el ‘yuyu’ que me daba

  2. Punisher dijo:

    Buen post!

    Me sorprendigna que todavia haya lugares como en Italia donde no se utiliza la TEC por razones poco (o nada) cientificas. Es increible como el postular algo con cierta retórica puede anular el pensamiento crítico de los menos entrenados en el escepticismo….

    Delirio de 1 = trastonro delirante
    Delirio de 2 = Folie a deux
    Delirio de 3 = Folie a trios
    Delirio de 1.000.000 = Religión

    😉

  3. Punisher dijo:

    Perdón por la errata, obviamente no es “folie a trios”, sinó “folie a trois” , aunque a trios no estaría mal…jejeje

  4. Pingback: Electroshocks

  5. Sun dijo:

    El artículo, como “truculencia” inversa, no está mal. Es tierno y emotivo como todas esas películas americanas que tanto nos emocionan, pero frivolizar con los efectos secundarios, también es otra “truculencia” nada emocionante.
    Me alegro por Marta y por Mario, pero seguro que el papá de Marta después de el electroshock (no voy a llamarle terapia), tampoco volverá a ser el mismo, por mucho que haya salido de su “letargo” depresivo. Los daños cognitivos del electroshock, no son cuestionables, de la misma manera que quienes aseguran que es una técnica, que no terapia, eficaz, ni tan siquiera saben cómo actúa por mucho que lo adornen con las últimas tecnologías. Y a eso, le llaman evidencia científica. Para cuando una lista de perjudicados por el electroshock, algunos de ellos y ellas, sólo por ser homosexuales o comunistas y no en una dictadura de Sudamérica, sino en este país. Y luego dicen que no es castigo y seguro que afirmarán que rezar es otra terapia.
    El electroshock no es más que una versión venida a menos de otras técnicas utilizadas en las prácticas eugenésicas.
    Por favor, ya está bien de difundir los discursos de publicidad de las empresas que venden esas tecnologías…

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