¿Qué es la belleza? (Capítulo I)


La mirada deja de recorrer frenéticamente la superficie de la piedra de ámbar y cae muerta al suelo. El cansancio encefálico se refleja en las pupilas dilatadas en un último esfuerzo por dejar pasar la luz, portadora de la esencia estética de los objetos en un código que el cerebro no inventó (que no es poco en estos días) pero interpreta, a saber cuán deficitariamente. Ya es inútil, el monstruoso maremágnum de axones tan cuidadosamente entrelazados, tan significativamente conectados, capaz de coordinarse asombrosamente y paradójicamente lerdo para entenderse a si mismo está claudicando. Hace más de una hora que consume cantidades ingentes de energía, para volcar inimaginables moléculas de neurotransmisores con el único objetivo de encontrar algo más en esa superficie lisa y simple de una piedra de ámbar. No busca aristas, ni motas de polvo, ni esas pequeñas, sinuosas y delatoras líneas de sudor con las que firman nuestros dedos todo lo que tocan, ni siquiera restos de vida ancestral despistada, atrapada en la primitiva resina, tan populares en el cine. Nada material, busca algo más abstracto, algo que conectado a esa imagen tuviera significado y obrara el milagro. La desesperación comienza a hacer mella en su capacidad de razonar, de argumentar contra la seca realidad, contra la superficie tan bruscamente recortada de la piedra de ámbar. Pero no puede ser tan simple. Algo tiene suficiente fuerza como para seguir empujando a la exasperada masa gris a seguir buscando más allá de la mera presencia material. Algo que explique esa maravillosa y extraña sensación, un placer que nace sólo de la admiración… ¿Qué es la belleza?

¿Qué es la belleza?

Obviamente se trata de una cuestión no resuelta, a diferencia de otros post en los que hemos tratado temas de los que tenemos evidencias científicas bien determinadas, éste es un terreno subjetivo, un reto que espero asumamos con gusto y terminemos con… gusto.

La belleza es algo que tratamos cada día, la evaluamos cada mañana, nada más levantarnos, en el espejo. Cambiamos nuestro aspecto continuamente persiguiéndola. La buscamos casi inconscientemente en cada rostro que vemos, en la ropa que nos ponemos, en el coche que compramos, incluso en lo que comemos, en la voz que escuchamos, en la música… Dejamos que nos influya en casi todas nuestras decisiones, de las más importantes como elegir pareja, hasta las más banales como elegir un simple bolígrafo.

Y a pesar de estar presente en todas las facetas de nuestra vida, y de la poderosa influencia que tiene sobre nosotros, tenemos serios problemas cada vez que intentamos definirla. Tanto es así, que nos contradecimos continuamente cuando la manejamos. Vemos por ejemplo personas que van a disfrutar, bien trajeadas, las obras vanguardistas que pretenden luchar precisamente contra ése canon clásico de belleza.

La belleza está pues está pues relacionada en la forma en que vemos y deseamos lo que nos rodea. Pero, ¿cómo queda reflejado el concepto de belleza de una época, o de una civilización?

Es difícil saber como les gustaba a los griegos tener ordenadas sus sandalias, pero no lo es tanto saber que concepto tenían de un hombre o una mujer bella, de una historia bonita o de una escultura hermosa. Belleza no es sinónimo de arte, pero el arte en todas sus formas, nos ayuda a entender lo que un colectivo encuentra bello. No vamos a hablar aquí de la historia del arte, pero para entender que es lo que tienen en común, si es que lo tienen, las cosas que han cautivado los sentidos de personas de diferentes épocas y lugares, si que irán apareciendo obras que han simbolizado la belleza en un contexto determinado.

Antigua Grecia, la herencia de Apolo.

En la Grecia antigua: kalón “todo aquello que gusta, q atrae, q despierta admiración”. El ideal griego de belleza se basa en la simetría y la proporción. Se da prioridad a los sentidos de la vista y el oído, probablemente porque éstos son más sencillos de expresar en forma de medidas y proporciones, amén de que no precisan de contacto físico para ser disfrutados a diferencia del gusto y el tacto, o incluso de la proximidad como el olfato. Dentro de los dos primeros era preferida la vista, pues permite la contemplación detenida (pintura, escultura…), la representación de una idea, mientras que el oído es una puerta a la música, dinámica, que mueve pasiones. La música lejos de la pureza de una idea emocionalmente estéril, es para los clásicos de una belleza distinta, impura, un fluir perenne, propia de Dionisos, dios griego del vino y el caos, el lado oscuro de la belleza. En el otro extremo el dios Apolo, hermano de Dionisio, es la representación de la armonía, el orden y la razón, estandarte de la mayoría de filósofos de la época. De ahí los adjetivos apolíneo y dionisíaco.

Así pues, los antiguos buscaban la “belleza ideal” de Platón, simple y desnuda, la de la proporción exacta, las medidas justas y la simetría precisa.

Edad Media, sombras y misterio.

La extensísima época medieval fue un vasto océano oscuro, marcado por el pensamiento mágico y la religiosidad en todas las esferas de la sociedad. Una época triste para la ciencia, y también para la cultura, aunque por supuesto, hay mucho… mucho, que matizar.

El artista medieval no perseguía la belleza como tal, la belleza se entiende como un concepto funcional, la belleza debía servir para algo. No es difícil advertir que cualquier forma de arte medieval, ya sea música, pintura, arquitectura, escultura… tenía un denominador común principal, la temática religiosa. Las obras de arte se utilizaban como ofrendas a Dios, o bien con la función pedagógica de enseñar al pueblo analfabeto las doctrinas de la fe, las historias sagradas que aleccionaban sobre los preceptos religiosos. No se trataba pues de crear, buscando formas cercanas a la perfección como en la antigüedad, tarea por supuesto completamente exclusiva de El Gran Arquitecto, si no de la representación mundana de relatos, fábulas y mitos, que moldeasen la espiritualidad de los hombres y mujeres de la época.

Es la época del simbolismo y las contradicciones, todo tiene un significado doble u oculto. Cada animal tiene un significado distinto, en ocasiones contradictorio (el León representa a Jesucristo como Rey, pero también puede simbolizar al demonio, como felino poderoso). Los nobles visten capas rojas, aunque el rojo es también el color de las prostitutas…

Arquitectónicamente es tiempo de catedrales y edificios espirituales, en especial en las corrientes románica y gótica. Construcciones repletas de símbolos, por lo general altas y oscuras, de estética una vez más funcional, pues trata de provocar sensaciones místicas, temor, alentar el pensamiento mágico para fertilizar el campo de cultivo de la fe.

En conjunto es una época de la que poco sabemos realmente sobre el ideal de belleza de los hombres de a pie, dado que lo que marcó el arte fue este carácter intencional de respuestas concretas en el observador, y no tanto el conseguir el placer simple y puro de la contemplación de algo bello.

Continuará…

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2 respuestas a ¿Qué es la belleza? (Capítulo I)

  1. Pingback: ¿Qué es la belleza?

  2. El teniente Furilo dijo:

    Que interesante y que profundo es este tema.
    Qué es la belleza? tu forma de escribir , sin duda alguna.

    La sargento del Teniente furilo

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