Dopacitas

El placer es el bien primero. Es el comienzo de toda preferencia y de toda aversión. Es la ausencia del dolor en el cuerpo y la inquietud en el alma.” Epicuro de Samos.

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Homeopatía, ¿por qué es peligrosa aunque no me haga daño?

¿Qué es la homeopatía?

La homeopatía es una pseudociencia de las terapias alternativas a la medicina. Tuvo sus inicios a finales del siglo XVIII y principios del XIX a manos de un médico alemán, Samuel Hahnemann (17551843). En esa época la medicina aún se regia en esencia por los principios de Hipócrates y Galeno. Los tratamientos más utilizados del momento eran los purgantes (irritantes del intestino que provocan diarrea), eméticos (sustancias que provocan el vómito) y sangrías (literalmente, provocar al enfermo una hemorragia con intención de depurar la sangre de humores patológicos). En respuesta a estos métodos cruentos, desagradables y peligrosos, la homeopatía ofrecía tratamientos que no ocasionaban ninguna molestia, lo que explica su rápida y espectacular popularización.

¿Pero qué descubrió Hahnemann? ¿En qué se basa la homeopatía?

Hahnemann no descubrió nada. Inicialmente Hahnemann y posteriormente sus sucesores hasta nuestros días establecieron unos principios arbitrarios en los que se basan todos los remedios homeopáticos. Como son pocos y muy sencillos en su formulación, vayamos uno por uno:

– Similia similibus curantur (lo similar cura a lo similar): El primer principio de la homeopatía reza así. Hahnemann dijo que las sustancias en la naturaleza pueden producir síntomas de enfermedades. Si una sustancia provoca síntomas de gripe al ingerirla, entonces esa sustancia será el remedio contra la gripe, pero antes hay que diluirla y agitarla (vaya! pretendía explicar el primer principio y sin querer los he explicado todos). Si quieres curar el dolor de cabeza, encuentra una sustancia que de dolor de cabeza, dilúyela, agítala, tienes el tratamiento. Esta idea no se ha conseguido demostrar jamás. Es una idea arbitraria (no sigue ningún razonamiento lógico), un axioma. Analicemos en más profundidad el resto de principios y tratemos de no dejar ningún rincón sin luz.

– Principio de dilución: Cuanto más diluida esté la sustancia, más potente será. A priori parece contradictorio, ¿no? ¿Entonces por qué Hahnemann lo describía así? la respuesta nos recordará a todos a nuestra más tierna infancia: porque sí.  La homeopatía actual mantiene que los mecanismos no son relevantes ya que sus remedios funcionan (aunque nunca lo hayan podido demostrar).

Para la dilución se toma la sustancia que supuestamente va a curar la enfermedad y se diluye en 100 partes de agua, de esa dilución se toma una gota y se vuelve a diluir en 100 partes de agua, así sucesivas veces. Si observáis un envase de remedio homeopático advertiréis un número junto a una o unas letras, por ejemplo 30 CH. Esto indica la dilución del preparado. Cuánto más alto es el número, más diluido está. Para hacerse una idea gráfica, un preparado de 12 CH equivale a disolver una aspirina en el agua de todos los océanos del planeta. A pesar de ello los homeópatas seguían manteniendo que en sus preparados había sustancia, aunque MUY diluida.

Se verían en apuros más adelante cuando, gracias a la Ley de Avogadro, fue posible calcular cuántas moléculas de sustancia había en una dilución, revelando que en esas bolitas de remedio no quedaba ni una sola molécula de sustancia. Aquí la cosa se les ponía bastante fea para los homeópatas, y fue necesaria la creación de otra idea tan pintoresca como arbitraria: es posible que con tanta dilución el agua ya no contenga sustancia alguna, pero se acuerda de ella. Es decir, el agua tiene memoria y se acuerda de la sustancia que una vez estuvo en contacto con ella.

– Memoria del agua: ¿Por qué? Porque sí. De nuevo la homeopatía nos intenta convencer de algo sin darnos explicación alguna. Pero, si el agua tiene memoria… se acordará del medicamento… pero también de todas las otras sustancias que habrá tocado en su dilatada existencia. Eso plantea muchos problemas, por ejemplo, cuando uno va al retrete y ve agua, se plantea cosas.

El agua de mar tiene disueltas en muy pequeña cantidad casi todas las sustancias que sepueden encontrar en el planeta. Si los principios homeopáticos fuesen ciertos, un vasito de agua de mar curaría todas las enfermedades conocidas! Y así podemos seguir deduciendo multitud de ideas derivadas de este principio, a cada cual más divertida, te invito a poner la tuya al final de este post, en “comentarios”.

De acuerdo, la homeopatía es inconsistente y contradictoria pero… ¿funciona?

No.

¿Y cómo podemos saber si algún tratamiento, como la homeopatía,  funciona?

Sólo hay una forma de saberlo con suficiente seguridad. Si tomas a un grupo de personas enfermas, por ejemplo con depresión, a la mitad les das un tratamiento (por ejemplo homeopático) y a la otra mitad no les das nada, probablemente observarás que el grupo que recibe tratamiento mejora más rápidamente. No significa que el tratamiento sea eficaz, porque el simple hecho de saber que alguien, que se supone que sabe lo que hace, te da tratamiento, provoca un efecto placebo (sugestión) que conlleva mejoría en una alto porcentaje de pacientes.

Para saber con seguridad que un tratamiento funciona tienes que darle a un grupo de enfermos el tratamiento que quieres demostrar, y al otro una pastilla (si el tratamiento es en pastilla) de igual forma y color, las mismas veces al día y durante el mismo tiempo, pero sin tratamiento real (por ejemplo que sólo contenga azúcar). De esta forma sabrás que si el grupo que realmente recibe un tratamiento mejora, es porque el medicamento es eficaz.

Este experimento bien realizado se denomina ensayo clínico aleatorizado a doble ciego (doble ciego porque ni el paciente ni el médico deben saber quien toma el tratamiento real y quién no hasta el final del estudio, para evitar que se favorezca un resultado concreto).

Para comercializar un tratamiento médico es imprescindible que el laboratorio fabricante haya presentado por lo menos un ensayo clínico aleatorizado que demuestre que el fármaco es eficaz y es mejor que el placebo.

Pues bien, no existe un sólo tratamiento homeopático que haya sido eficaz en un experimento bien hecho. Todos los estudios que se han hecho al respecto, o eran negativos o se ha descubierto que estaban alterados. Luego, bajo ningún concepto es legítimo afirmar que la homeopatía funciona.

Bueno, entonces la homeopatía no funciona, ¿pero por qué es peligrosa?

La homeopatía, al igual que otras muchas pseudociencias que no han mostrado ninguna eficacia pero pretenden curar enfermedades, son potencialmente muy peligrosas.

Cuando una enfermedad se está gestando en nuestro organismo, es muy común que no nos encontremos bien. Dependiendo de la naturaleza de dicha enfermedad podemos experimentar unos síntomas u otros. Si, pongamos por caso, experimentamos un cuadro de cansancio, disminución del apetito, y pérdida de peso, podría ser simplemente debido a algo que nos preocupa en exceso, pero también podría corresponder al inicio de un Trastorno Depresivo Mayor, o una pneumonia, o incluso un cáncer. Dado que el pronóstico de algunas de estas enfermedades puede ser infausto si no se diagnostica a tiempo, es importantísimo que un médico interprete correctamente los síntomas y haga las pruebas necesarias, a fin de llegar a un diagnóstico correcto e iniciar el tratamiento eficaz (comprobado en ensayos aleatorios a doble ciego) lo antes posible.

Dado que de ello puede depender la continuidad de una vida humana, retrasar este proceso tomando bolitas de azúcar sin una sóla partícula de principio activo, resulta dramáticamente peligroso.

Todo lo que dices parece muy lógico… pero a mí me fue bien!

Dado que el cuerpo humano tiene potencial para resolver sin ayuda muchas de las enfermedades que podemos sufrir, es probable que tomando homeopatía pasemos ese cuadro de malestar (siempre que, desde luego, no sea un cáncer de páncreas), pero las consecuencias son igualmente negativas:

– Si nos recuperamos completamente, aún creeremos más en un falso tratamiento. Te fue bien! (o a tu vecino, o a tu compañera de trabajo) pero la próxima vez tomarás convencido/a algo que no te va a ayudar, y quizá en esa ocasión no sea un simple virus catarral…

– Si es una enfermedad con potencial para dejar secuelas, por ejemplo una pneumonía atípica, es posible que para cuando nos demos cuenta de lo que tenemos y de que las bolitas de azúcar no funcionan, nos llevemos de recuerdo una capacidad pulmonar disminuida.

– Si es una enfermedad contagiosa, nos habrá dado tiempo a expandirla alegremente a nuestro alrededor. Por ejemplo, la tuberculosis, puede dar como únicos síntoma durante semanas, cansancio y sudor nocturno.

No se… ahora, me dejas con dudas…

No es un mal resultado! dudar es lo más importante para no dejarse engañar, tratemos de resolverlas, ponlas en un comentario!

No hay quién se lea todo ésto! ¿qué es lo importante?:

  • La homeopatía es una pseudociencia, como tratamiento jamás ha demostrado ser eficaz.
  • Todos sus principios son arbitrarios, rebatibles, algunos contradictorios entre sí y en su mayoría incluso absurdos.
  • No hay en sus tratamientos ni una sola molécula de principio activo, esas bolitas blancas sólo llevan azúcar!
  • Es peligrosa, porque como muchas enfermedades pueden resolverse solas, le iremos cogiendo confianza a la homeopatía hasta que padezcamos una afección que nos pueda dejar secuelas o incluso mortal, y no nos la diagnosticarán a tiempo.

No dejéis de ver este vídeo, y quizá después podemos ir a tomar una cerveza… homeopática 😉

 

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Electroshocks

Recogidos los datos de la encuesta que os propuse para decidir el tema de esta semana, y como dicen las viejas gramolas al elegir una canción, ésta es su elección: Electroshocks.

– ¿Pero todavía se hacen electroshocks, doctor?-, exclama Marta mientras no puede evitar que la congoja ruborice su rostro y humedezca sus ojos. No dirá nada más durante unos minutos, sus cuerdas vocales han perdido el tono que necesitan para mantener la voz vencidas por el miedo y el desaliento. Su padre Mario, una persona de carácter fuerte, enérgico y decidido, el pilar en el que siempre se ha aguantado la familia, especialmente en momentos difíciles como éste, ha caído. Donde Marta ha encontrado invariablemente una mano firme que la guiaba en la oscuridad, ha descubierto esta mañana un montoncito de botes vacíos de esas píldoras que toma su madre para dormir. Mario ha intentado suicidarse.

– Hacía unos dos meses que ya no era él, no disfrutaba de nada, no hablaba, no tenía hambre, y sólo quería estar en la cama- Dice María recuperando el aliento. Su padre sufre una depresión, como suele ocurrir en la mayoría de ocasiones, pensaron que sería algo pasajero, que se solucionaría con unas vitaminas y “poniendo un poco de su parte”. Así la enfermedad fue avanzando hasta desintegrar sus ganas de vivir. Los antidepresivos, en la inmensa mayoría de los casos sumamente eficaces, no han surtido efecto en Mario, es un caso de depresión mayor refractaria a tratamiento farmacológico. Y ahora el doctor le explica a Marta que la opción más eficaz y segura son los electroshocks.

La mayoría de personas no han tenido ocasión de saber en qué consisten, pero aún así su simple mención provoca temor, cuando no un miedo atroz. Las referencias culturales que tenemos son en extremo truculentas, usados como castigo o incluso para neutralizar la voluntad de un paciente, un preso… Uno de los medios que más ha influido en esta idea es el cine mostrando, con algunas excepciones, la imagen de un tratamiento despiadado, abusivo, ineficaz y funesto. Algunos momentos históricos lúgubres, como su empleo en algunos conflictos o dictaduras como instrumento de persuasión para prisioneros tampoco han ayudado a su aceptación mediática.

Pero… ¿a quién se le ocurrió aplicar corriente eléctrica en la cabeza?

La terapia electroconvulsiva (TEC), como se conoce técnicamente a la terapia de choque eléctrico, tiene sus orígenes en la observación de que los enfermos mentales mejoran tras presentar una crisis epiléptica.

Es un descubrimiento al menos tan antiguo como Hipócrates, quién ya dejó constancia en la Antigua Grecia, 4oo años antes de Cristo, de que las convulsiones provocadas por la malaria eran capaces de mejorar o incluso curar algunas enfermedades mentales. Se repitieron observaciones similares durante las diferentes épocas históricas hasta que en 1917 Julius Wagner trató a enfermos de tabes dorsal (complicación neurológica de la sífilis) provocando convulsiones mediante la inoculación de la malaria. En 1927, un médico berlinés, Manfred J. Sakel, comenzó a inducir crisis convulsivas en pacientes afectos de esquizofrenia mediante la inyección de dosis masivas de insulina, provocando una hipoglucemia extrema. A este método se le conocería en la historia de la medicina como “las curas de Sakel” que, aunque efectivamente, conseguían mejorar la sintomatología psicótica, pero obviamente a costa de un sufrimiento y un riesgo vital completamente inaceptables. Se ensayaron también otros métodos como la inyección en la sangre de colorantes químicos capaces de provocar convulsiones, sin conseguir una técnica segura que equilibrase el balance entre el riesgo y el beneficio, hasta 1937.

Ugo Cerletti es nuestro hombre. Médico y neuropsiquiatra romano tuvo una feliz idea mientras, en un matadero (sí, seguimos envueltos en truculencia), observaba como aplicaban una corriente eléctrica a los cerdos para que no sufrieran durante el sacrificio. Pero lo que al Dr. Cerletti le llamó la atención no fue la humanidad de los matarifes italianos, sino el hecho de que los cerdos, tras la descarga… convulsionaban.

No le faltó tiempo para dirigirse a un joven y prometedor físico alemán (Kalinowski) y proponerle la construcción de un aparato capaz de aplicar descargas eléctricas cortas a pacientes humanos en condiciones de seguridad. Tras experimentar el nuevo invento con animales para buscar los parámetros óptimos para el fin último, probaron la terapia con pacientes en un episodio agudo de psicosis esquizofrénica. Resultados espectaculares y muchas menos complicaciones que con los rudimentarios métodos antes ensayados.  Acababa de nacer el tratamiento más eficaz, rápido y seguro que se conoce para los casos psiquiátricos más graves.

¿Cómo es hoy en día un electroshock?

La terapia electroconvulsiva, hoy en día, es un proceso sencillo y rápido que se realiza en la mayoría de los centros hospitalarios psiquiátricos de referencia de todo el mundo. Se precisa una sala acondicionada, material asistencial habitual, una aparato de TEC, un anestesista, un psiquiatra, y personal de enfermería.

Se inyectan al paciente un anestésico de acción rápida (p.ej. propofol) y un relajante muscular para evitar las contracciones musculares (p.ej. succinilcolina). Una vez el enfermo está dormido, intubado y sin tono muscular, se aplica la descarga eléctrica mediante dos palas (de forma similar a la reanimación cardíaca a que nos tienen acostumbrados las películas) pero aplicadas generalmente en ambas zonas temporales del cráneo. Se produce una convulsión no visible que dura unos segundos, minutos después el paciente está despierto, sin más molestias que una la ligera confusión transitoria.

Para un episodio agudo de psicosis o depresión grave suelen ser necesarias entre 6 y 12 sesiones para conseguir la remisión completa, realizándose éstas generalmente en días alternos.

¿En qué casos se utiliza?

La TEC tiene una eficacia y una rapidez de acción muy superior a cualquier otro tratamiento, mejorando significativamente los síntomas en la práctica totalidad de los casos. Los inconvenientes actuales son los riesgos propios de cualquier anestesia y la confusión durante las primeras horas posteriores a su administración, y éste es el motivo por el que se suele relegar a la última opción.

Actualmente la TEC se utiliza cuando el riesgo para el paciente o, para las personas que le rodean, es demasiado elevado como para esperar a que aparezca el efecto de los psicofármacos, o cuando los efectos de éstos últimos se han mostrado insuficientes. Las indicaciones más frecuentes de la TEC son los episodios depresivos mayores con alto riesgo de suicidio y los episodios psicóticos con gran desorganización conductual o con síntomas catatónicos.

Ideas finales sobre los electroshocks

  • La TEC es una técnica segura e indolora, con escasos efectos secundarios, efectiva en casos graves de enfermedades mentales comunes.
  • Se utiliza como tratamiento (jamás como castigo) y tras haber otorgado el enfermo su consentimiento informado por escrito, o su familia en caso de que esté incapacitado para tomar la decisión.
  • Los efectos secundarios actualmente son los derivados de la anestesia y una posible pérdida de recuerdos de los momentos precedentes al TEC (amnesia retrógrada).


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Psicoanalizando a Superman

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Esquizofrenia

Algunas palabras irrumpen en nuestra conciencia con la violencia de un trueno en una callada noche de verano. Esquizofrenia es una de ellas, escuchamos hablar sobre ella a menudo, la reconocemos, la tratamos mucho más a menudo de lo que pensamos, y aún así nos asusta. Nos provoca imágenes aterradoras, muchas derivadas lo que hemos visto en el cine, de observaciones sesgadas por quienes más tocados por la enfermedad, o sin soporte para afrontarla adecuadamente, no pueden ya ocultarla y nos miran con rostro perplejo, o desconfiado, desde entre los cartones del portal de la esquina. La esquizofrenia es la enfermedad de esa espectral anciana que parece presta a mordernos en cualquier momento, es la enfermedad de ese tipo de mirada vacía y sonrisa cínica que amenaza con esconder un cuchillo en la mano que queda oculta tras su espalda, o la del hombre que habla con su sombra en el cajero automático, pero nunca la del médico, la del abogado o la del arquitecto que toma su medicación y puede seguir ejerciendo, la de las personas que tras sufrir un episodio psicótico continúan con su vida, siguiendo controles psiquiátricos y un tratamiento adecuado.

Es una enfermedad castigada por el estigma desde tiempos inmemoriales, como ocurrió con la epilepsia en la época medieval (entonces se llegaron a quemar epilépticos en piras porque se les creía poseídos por un demonio). Pero con la epilepsia hemos tenido la fortuna de poder entender sus mecanismos fisiopatológicos y destejer los mitos y leyendas que entorno a ella habían crecido, como la mala hierba a cobijo de la sombra de la ignorancia. Pero las personas afectas de esquizofrenia son menos afortunadas, pues padecen una enfermedad que tiene múltiples causas, en parte genéticas y en parte moduladas por el ambiente, y no siempre en la misma proporción. Esta naturaleza ha dificultado enormemente la tarea de identificar un gen concreto que provoque la enfermedad o una noxa ambiental concreta que la desencadene, por lo que se sigue prestando a especulaciones y desinformaciones variopintas para desasosiego y angustia de enfermos y familiares.

¿Qué es la esquizofrenia?

La esquizofrenia es una enfermedad clasificada dentro de los trastornos psicóticos, los cuales se caracterizan por la afectación de los mecanismos del cerebro para representarse la realidad a partir de la información recibida mediante los órganos sensoriales. Es un trastorno dramáticamente heterogéneo, con diferentes formas de inicio, que puede cursar de forma lenta, larvada, deteriorando progresivamente la autonomía y la capacidad de relación social, o irrumpir súbitamente con un cuadro sintomático florido y espectacular. Asimismo, el curso posterior puede seguir muy distintos desarrollos y mellar en diferente grado las funciones superiores del individuo, es decir, la capacidad de relacionarse, cuidarse, estar atento, sentir, disfrutar…  En cuánto a los síntomas abarcan un amplio espectro, y en función de que se presenten con mayor intensidad unos u otros, se aprecian formas soprendentemente distintas de la enfermedad.

Al inicio del trastorno el enfermo suele tener la sensación de una revelación, cosas que antes carecían de significado se tornan importantes, y otras siguen significando pero ahora en una dirección distinta. La mente comienza a hacer relaciones nuevas (números que significan sentimientos, mensajes ocultos en los colores de la ropa, miradas que traducen intenciones homicidas…), y cualquier ruido se interpreta dentro del delirio, uniendo cada idea falsa en un puzzle de la extraordinaria solidez que antaño tuvo la realidad misma. Queda así tejida una historia, a menudo terrible y asfixiante, en la que el enfermo es perseguido y perjudicado por la práctica totalidad de personas que conoce, unidas y relacionadas, buscando su desgracia o incluso su muerte. Se ven también alterados los circuitos cerebrales implicados en las funciones sensoriales, apareciendo entonces alucinaciones. Las alucinaciones más frecuentes y, casi siempre presentes, son en forma de voces que parecen provenir de dentro de la cabeza, a menudo conversan entre ellas criticando lo que el enfermo hace, de forma a menudo desagradable, incluso profiriéndole insultos y gritos. Aunque menos frecuentemente, también pueden aparecen alucinaciones táctiles, olfativas o incluso visuales (en raras ocasiones). Estos delirios y alucinaciones configuran uno de los dos tipos de síntomas que caracterizan la esquizofrenia, los síntomas positivos.

El otro grupo lo conforman los llamados síntomas negativos, o defectuales. Se agrupan bajo este nombre porque implican menoscabo de funciones cerebrales, como la capacidad de sociabilización, la capacidad de cuidarse de sí mismos, la capacidad de sentir y transmitir sentimientos, la capacidad de experimentar placer, la capacidad de elegir su futuro inmediato, la riqueza del pensamiento, del lenguaje… disfunciones que en conjunto conducen al aislamiento, el abandono y la miseria si no se actúa de forma determinante y correcta sobre el curso de la enfermedad.

Estos dos grupos de síntomas se combinan en proporciones sorprendentemente distintas, así mientras en algunos casos los síntomas positivos dominan completamente el cuadro con delirios abigarrados y alucinaciones intensas que provocan cambios contínuos en el estado de ánimo del enfermo y en su forma de actuar; en otros casos predomina el síndrome deficitario, con empobrecimiento del lenguaje, incapacidad para comunicar sus sentimientos y para autoprocurarse cuidados básicos desembocando, en muchos casos, en la indigencia y el desamparo. El desarrollo y curso de la enfermedad es también muy distinto, desde una posible evolución en episodios de delirios y alucinaciones que remiten y permiten la vida normal entre ellos, hasta evoluciones en las que predominan los síntomas negativos contínuos deteriorando a la persona progresivamente, en todos sus aspectos, hasta una situación de total dependencia del medio que le rodea.

¿Pero, que ocurre en el cerebro?

Cuando se manifiesta la esquizofrenia se observa que uno de los neurotransmisores (moléculas que utilizan las neuronas para “comunicarse” entre sí) principales, la dopamina, se encuentra en bajas concentraciones en el lóbulo prefrontal del cerebro, que es precisamente donde se integra la información que proviene del resto de estructuras del cerebro y se organiza para dirigir nuestra conducta hacia un fin, es decir, hace las funciones de director de orquesta. Se encarga de la planificación y la motivación necesarias para llevar las tareas de la vida diaria a cabo. Esto permite entender porque se dan los síntomas negativos.

Los síntomas positivos, en cambio, tienen que ver con un aumento de las concentraciones de dopamina en otra zona muy importante, y más primitiva, del cerebro: el sistema límbico. El sístema límbico fue descrito por primera vez por el celebre médico, anatomista y antropólogo francés Paul Broca, es un conjunto de estructuras cerebrales distintas de las que no hay un sólido acuerdo anatómico, pero sí sobre su función. En este sistema se producen las emociones, los impulsos, las sensaciones… el frío, el hambre, el sueño, el placer, el miedo, la angustia… Cuando las neuronas de estos circuitos se hiperestimulan y comienzan a secretar dopamina en exceso, aparecen los síntomas más característicos de la esquizofrenia, los delirios y las alucinaciones.

¿Cómo se puede tratar?

El tratamiento de esta enfermedad  potencialmente devastadora pasa por la administración de medicación antipsicótica. Los antipsicóticos son moléculas con la capacidad de evitar que todo ese exceso de dopamina llegue a hacer su función bloqueando a sus receptores en el resto de neuronas, si imaginásemos que la dopamina fuese la llave de esa caja de Pandora, el tratamiento antipsicótico sería algo así como poner plastelina en la cerradura (acabo esta frase convencido de que pronto descubriré un grupo de facebook contra esta metáfora). Además del tratamiento es muy importante que el paciente realice seguimiento psiquiátrico regular y psicoeducación (aprender las características de su enfermedad, como reconocer las recaídas, cuando solicitar ayuda…). El otro factor importantísimo es el apoyo familiar, que determina junto al tratamiento el pronóstico final.

¿Que es importante recordar de la esquizofrenia?

  • Es una enfermedad del cerebro, como muchas otras enfermedades puede controlarse adecuadamente con un tratamiento y un seguimiento correctos.
  • No hay nada mágico en ella, se trata de una alteración compleja del funcionamiento de los circuitos cerebrales.
  • Un enfermo de esquizofrenia NO es una persona peligrosa, si sientes miedo de un persona esquizofrénica tienes el deber moral de informarte más sobre la enfermedad.
  • Es una enfermedad causada por una predisposición genética y una serie de factores ambientales precipitantes. NO hay culpables,  no se produce por ningún error en la educación recibida. Si tu hijo padece esquizofrenia NO se debe a que hayas hecho nada mal, en el “sorteo” de enfermedades le ha tocado ésta, y por suerte tiene tratamiento eficaz!!
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Pensamiento crítico

Hace ya tiempo que me rondaba por la cabeza la idea de iniciar un blog, finalmente me he decidido a aportar mi pequeño granito de litio a una situación actual que me preocupa profundamente. Hemos leído en la prensa, repetidamente en los últimos meses, cómo universidades de peso dentro del ambiente cultural del país han dado acogida a “formación” en pseudociencias. Hijas de la superchería y el oscurantismo, doctrinas tales como la astrología, la numerología, la grafología, y aún algunas otras con una inquietante intención… llamémosle lucrapéutica (homeopatía, acupuntura, Reiki…), ahora figuran en los programas oficiales de universidades públicas como una rama más del conocimiento científico. Pero se trata de tradiciones, prácticas y constructos fantasiosos y arbitrarios, de los que habitualmente se pretenden derivar principios curativos, o formas de influir en el cuerpo, el “alma” o incluso el futuro de cualquier persona sin los suficientes recursos, o en un estado tal de desesperación, que no le permite defenderse adecuadamente.

Las gravísimas consecuencias que se derivan de los engaños de esta charlatanería, no se deben tanto a los efectos negativos directos que pueden provocar sobre los incautos que recurren a estas supuestas terapias para tratar de solventar sus dolencias. Las peores consecuencias de estos remedios, que han mostrado repetida ineficacia al someterse a estudios científicos correctamente diseñados (aleatorizados y a doble ciego), las sufren los enfermos que dejan de recibir atención médica adecuada. Este hecho tan habitual, toma un cariz especialmente lamentable cuando se trata de enfermedades potencialmente letales que tienen tratamientos accesibles y eficaces.

A la vista de tal panorama, a todas luces regresivo desde el punto de vista del desarrollo científico, tecnológico y cultural, creo que debería sonar una alarma en todas nuestras cabezas. Pero no una alarma grave y pesada, como las que anunciaban bombardeos en más tristes épocas e invitaban a esconderse en un refugio subterráneo. Yo imagino una alarma fina y liviana, no ensordecedora pero con fuerte presencia, que invita a la reflexión activa, a desempolvar la única defensa de que disponemos contra la manipulación y el fraude: el pensamiento crítico. Y no utilizarlo únicamente para eso, sino también para poder disfrutar de la riqueza y del asombro que provocan los descubrimientos de cualquiera de los campos del saber científico, de las charlas fundamentadas, de los placeres que de forma espontanea aumentan, en nuestro núcleo accumbens*, las concentraciones dopamina, que no nos falte, eso sí… bien repartida 😉

*Cúmulo neuronal encefálico relacionado con la experimentación de la sensación de placer.

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